Sólo la pregunta perdura

-Padre, ¿por qué hemos de dedicar toda nuestra vida a conocernos? Yo ya me comprendo. Sé quién soy.


-¿Ves ese árbol? Cuenta sus hojas y él te dará la respuesta.

-Sí padre. 1, 2, 3,...1564, 1565,...

Una fuerte ráfaga de viento arrancó varias de las hojas de aquel árbol. Algunas de ellas ya habían sido contadas. Otras nunca lo serían. El chico detuvo el conteo y miró a su padre. En su rostro se adivinaba impotencia.

-¿Crees que tiene algún valor lo que llevas contado hasta ahora? ¿Acaso lo tiene la cantidad que aún te falta por contar? ¿Nos encontramos siquiera ante el mismo árbol? La vida es viento, hijo.

1 comentario:

Mr. H3rv45 dijo...

Nada roza, todo resbala.