Cuando mi gran maestro, el profesor Shepard murió, la señora Shepard me entregó una caja que el profesor había dejado para mí. En su interior, no había más que esta vieja foto de la que nunca llegué a saber su origen. Años después, era yo quien ocupaba el despacho de mi antiguo maestro, en la facultad de Físicas de Viena.Recientemente fui invitado a un congreso en China, sobre física temporal de partículas. Como siempre, acudí un día antes de que comenzaran las conferencias, para poder visitar los alrededores de la ciudad. Fue a media tarde de aquella primera jornada, cuando me topé con la maldita calle. Mis ojos no daban crédito. Era el mismo café. Las motos. Los carteles. Todo igual que en la foto. Aquel hombre me estaba mirando fijamente con un papel arrugado en la mano. Exactamente igual, todo igual. Aquella escena era la misma que la de la foto que Shepard me había dejado. Y justo cuando la similitud comenzaba a disiparse, el hombre me gritó:
-¡Lo he conseguido Martin! ¡Lo he conseguido!